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sábado, 22 de octubre de 2011

Origen de la bellísima "Sonata Claro de Luna" de Ludwig Van Beethoven

Quién no ha tenido en la vida momentos de intenso dolor?


¿Quién no ha tenido, en algún momento de su vida,el deseo de darse por vencido?


¿Quién no se ha sentido solo…extremadamente solo y tenido la sensación de haber perdido toda esperanza?


Ni siquiera la gente famosa, rica e importante está exenta
de tener  momentos de soledad y profunda amargura.



Eso fue exactamente lo que pasó con uno de los más importantes compositores de todos los tiempos, Ludwig Van Beethoven, quien nació en Bonn, Alemania en 1770, y murió en Viena, Austria en 1827.
Beethoven atravesaba uno de esos  sombríos momentos y estaba muy triste y deprimido por la muerte de un príncipe alemán,quien era su benefactor y era, a la vez,  como un segundo padre para él.
El joven compositor sufría de una enorme falta de afecto. Su padre era un borracho que lo golpeaba.
Murió de alcoholismo en plena calle. Su madre murió muy joven. Su hermano biológico nunca le ayudó y, sobre todo, sentía que su enfermedad iba empeorando.

Los síntomas de sordera empezaron a afectarlo, convirtiéndolo en una persona nerviosa e irritable Beethoven solo podía oír utilizando una especie de cuerno. Siempre llevaba consigo un cuaderno, en donde la gente podía escribirle y comunicarse con él ,pero no tenían paciencia para eso, ni él para leer sus labios.
Piano de Beethoven

Dándose cuenta que nadie le entendía ni quería ayudarle, Beethoven se encerró en sí mismo, evitando a la gente. De ahí se ganó la fama de ser un misántropo. Por todas estas razones, el compositor cayó en una profunda depresión incluso hasta preparó su testamento, diciendo que quizá sería mejor para él, suicidarse.
Pero, como no hay niño que por Dios  sea olvidado, la mano salvadora que Beethoven necesitaba vino a través de una joven mujer ciega, que vivía en el mismo edificio que él, y que una noche le dijo, gritando a sus oídos:
“Daría cualquier cosa por ver la luz de la luna”.
Escuchándola a ella...  Beethoven rompió a llorar.
Después de todo... ¡él podía ver !
Después de todo... ¡podía componer música y escribirla sobre papel!
De repente, un fuerte deseo de vivir invadió a Beethoven y lo llevó a componer una de las más hermosas piezas de música de todos los tiempos: “Sonata Claro de Luna”
En el tema central de la sonata, la melodía imita y reproduce los pasos lentos de gente, posiblemente del mismo Beethoven y de otras personas llevando el ataúd del príncipe alemán, su amigo, patrón y benefactor.
Observando el cielo, plateado por la luz la luna, y recordando a la joven mujer ciega, Beethoven parece preguntar por las razones de la muerte de su querido amigo y entra en una profunda y enriquecedora meditación.
Algunos estudiosos de la música dicen que las notas que se repiten insistentemente, en el tema central del primer movimiento de la sonata, podrían ser las sílabas de la palabra “Warum? Warum?”
(¿por qué... ¿por qué?...) o alguna otra palabra alemana de similar significado.


Sonata Claro de Luna. Ludwig Van Beethoven

Años después de superar su angustia, su tristeza y su dolor, vino la incomparable “Himno a la Alegría” de la Novena Sinfonía, su obra magna: Con ello se coronaba la obra de un extraordinario compositor. Beethoven dirigió personalmente el estreno de la Novena Sinfonía, en 1824, estando ya completamente sordo...



Vídeo de una de sus películas sobre su biografía.

Durante este concierto que fue uno de los últimos en la vida de Beethoven Ana Holtz tuvo que dirigir a Beethoven para que este dirigiera a la orquesta ya que en este punto Beethoven estaba completamente sordo y no tenia la capacidad auditiva para matizar a la orquesta y tampoco queria que ninguna otra persona dirigiera la premiere de la presentación de su novena sinfonía, por eso utilizo a Ana Holtz para que esta le indicase los matices y él a su vez indicarlos a la orquesta.
Uno de los músicos de la orquesta, gentilmente giró a Beethoven para que pudiera ver la sala y a los asistentes, llenos de emoción y alegría dando eufóricos aplausos y ondeando sus sombreros.

Se dice que “Himno a la Alegría” expresa la gratitud de Beethoven a la vida y a Dios,por no haberse suicidado. Todo esto gracias a esa joven mujer ciega, quien le inspiró el deseo de trasladar, en notas musicales, la luz de la luna: los rayos de luz de luna ondeando por sí mismos en una maravillosa y bellísima melodía.
Utilizando su sensibilidad, Beethoven, el compositor que no podía oír, retrató, a través de una hermosa melodía, la belleza de la luz de la luna, para que la “viera” una niña que no podía ver con sus ojos físicos.

Fuente desconocida

domingo, 3 de julio de 2011

Toda una lección de historia

El origen de "Gilipollas".

En Madrid hay una calle llamada de Gil Imón, haciendo de travesaño entre el
 Paseo Imperial y la Ronda de Segovia. Es una calle dedicada al que fue
 alcalde de la capital, D. Gil Imón, por los tiempos de doña Mariquita de mi
 corazón, cuando el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que
 acudía la crema social, para poner en el escaparate familiar a lindas
 damitas de la buena sociedad, como oferta casadera, las cuales acudían
 ataviadas con su miriñaque de fino muaré.

A las damitas de entonces se les
 aplicaba el apelativo de "pollas", que en el Diccionario de la Real
 Academia Española (DRAE) llevan, como sexta acepción, figurada y
 familiarmente, el significado de jovencitas, algo que hoy se ignora,
 pues el lenguaje en la actualidad se ha vuelto recio y tosco: la polla de
 entonces es la "tía" de ahora y las mentes malévolas sustituyen el
 significado antiguo por otro de morbosas connotaciones.

 El tal Don Gil era un personaje de relieve (la prueba está en que tiene
 dedicada una calle) y su nombre aparecía frecuentemente en los ecos de
 sociedad de las revistas del corazón de la época. El hombre, después de
 atender a los acuciantes problemas que su cargo de alcalde comportaba, se
 sentía obligado a responsabilizarse de sus deberes familiares, como buen
 padre.

 Tenía dos hijas en edad de merecer, feotillas ellas, no muy sobradas de
 gracejo, y hasta un tantico tontuelas. Y se hacía acompañar por ellas a
 todos aquellos sitios a los que, invitado como primera autoridad municipal,
 tenía que acudir. Tras la imponencia de unos bigotes municipales, se
 ocultaba un corazón de padre.

-¿Ha llegado ya D. Gil?
-Sí, ya ha llegado D. Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas.



 D. Gil departía animadamente con los próceres de la actualidad, y, mientras
 tanto, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran
 desocupado, a esperar a que algún pollo (en masculino (solía aderezarse con
 pera:"pollo-pera") se les acercase, cosa siempre poco probable. La
 situación, una y otra vez repetida, dio lugar a la asociación mental de
 tontuelidad con D. Gil y sus pollas.
Al tonto, a secas, podía llamársele: bambarria, menguado, zampatortas,
 chirrichote, rudo, zamacuco, papanatas, tolondro, ciruelo, zote,
 mamacallos, mameluco, majadero, zopenco, mastuerzo, borrico, tonto, necio,
 obtuso, imbécil, mentecato, idiota, torpe, lelo Pero ¿cómo describir esa
 circunstancia tan compleja de tontuelidad inconsciente? Decía padre Ramón
 que el que es tonto y lo sabe no es tonto del tó.
 Los imaginativos y bien humorados madrileños lo tuvieron fácil: para
 expresar la idea de tontuelo, tontaina, tontucio, tontuelidad integral e
 inconsciente (lo de con malicia o sin malicia es otra cuestión; con el
 tiempo, habrá de todo) ¡Ya está!: Gil (D.Gil)- y-pollas (las dos jovencitas
 hijas suyas) = gil-i-pollas.
 Y cundió la especie por "el todo Madrid", que compuso esta palabra
 especial, castiza, nacida en la Capital del Reino y, puesta en circulación
 con el marchamo del Oso y el Madroño, siendo después exportada al resto de
 España, ganándose a pulso el derecho de entrar en la Real Academia
 Española.
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